lunes, 27 de abril de 2015

Despertar mexicano

Cuando los españoles llegaron a México y vieron la riqueza de nuestro territorio se decidieron a saciar su ambición y saquear los pueblos a como diera lugar, nuestros antepasados, sin dudarlo un momento, salieron en defensa de sus propiedades, de sus tierras, de aquello por lo que siempre trabajaron y se ganaron, Isabel Moctezuma es un claro ejemplo de la resistencia que hubo en esos tiempos.

Cuando los mexicanos decidimos por fin luchar por nuestra independencia de la mano de Miguel Hidalgo, y posteriormente de otros grandes héroes como José María Morelos y Vicente Guerrero, se emprendió una gran pelea que costó mucha sangre, pero que glorificó a nuestro pueblo.

Otros ejemplos del gran patriotismo que hay en cada mexicano se pueden ver en la guerra de Reforma, liderada por Benito Juárez, la magna figura patriótica de nuestra historia, también está Francisco I. Madero, quien sentó las bases de un México democrático; e inclusive, los estudiantes del movimiento de 1968 que salieron a gritar a las calles en defensa de sus derechos y de todos los mexicanos.

Lamentablemente, ese patriotismo, ese coraje que alguna vez fue nuestra característica, se ha adormecido, a tal punto que muchos podrían considerarlo ya inexistente.

¿Las razones? Los gobiernos, a excepción de unos cuantos, han tomado la actitud de “padres”, de “papá gobierno”, el que cuida de todos sus hijos, el que procurará su bienestar, o al menos, en apariencia, eso nos han hecho pensar. Hay que imaginarnos a nuestro pueblo, actualmente, como aquel padre de familia que, con tal de que su bebé deje de llorar, le compra algún juguete o alguna golosina, que por supuesto, no le durará toda la vida, y el hijo, momentáneamente, se tranquiliza, y la historia se vuelve a repetir cayendo en un círculo vicioso sin fin.

En eso se ha convertido nuestro país, en un bebé que llora y que es sosegado con alguna clase de entretenimiento, y esta es, la televisión, diversión pasajera, vacía, sin enriquecimiento intelectual, mientras el gran padre, es decir, el gobierno y los empresarios, a nuestras espaldas hacen lo que les conviene a ellos y a sus aliados capitalistas y/o neoliberales.

El mexicano ha caído en el conformismo, en una zona de comodidad, donde a nadie le gusta ser molestado. Ese adormecimiento nos ha llevado a una involución, los ricos se hacen más ricos haciendo más pobres a los pobres, negándoles el derecho al bienestar que les corresponde, pero lo peor es que esos mexicanos lo permiten. En su libro La sucesión presidencial en 1910, Francisco I. Madero nos decía: "En los atentados contra los pueblos, hay dos culpables: el que se atreve, y los que permiten".

Nosotros hemos permitido que el capitalismo invada nuestro país, nosotros mismos también tenemos parte de la culpa por lo que está pasando en nuestro México. Es por ello que, como Nación, debemos recuperar ese entusiasmo que nos definía en nuestros orígenes, entender que como mexicanos somos más fuertes e inteligentes de lo que otros países nos consideran, y de lo que nosotros mismos nos consideramos.

¿Cómo? Ya es tiempo de emprender una lucha verdadera, no usando bombas o armas y mucho menos atentar contra la vida de otras personas. Esta debe ser una lucha intelectual, que se debe pelear en otro tipo de arena, una lucha de ideas, una lucha de conocimiento. Los que tenemos la fortuna de contar con acceso a libros, internet, redes sociales, los que trabajan con grupos de personas como los maestros, comunicadores, etc., debemos usar el poder de la palabra para convencer a cada uno de nuestros compatriotas de despertar de ese letargo al cual nos ha llevado el gobierno y en el que nos hemos dejado caer.

Los que tengamos conocimiento de la verdadera situación que atraviesa nuestro país debemos hacer uso de todos nuestros recursos para difundir ideas, situaciones, injusticias, expresándonos sin temor a nada, alejar a nuestra gente del televisor, convencer al amigo, al pariente, al cliente, al alumno, de que nuestra realidad es muy diferente a la que nos muestran.

En estos tiempos modernos no nos podemos quedar detrás de otras naciones que han emprendido, precisamente, luchas pacíficas que beneficiaron a la gente más necesitada, donde todos han salido ganando.

Cada uno de nosotros debe contagiar de entusiasmo a todos aquellos que han sido desencantados por la difícil situación económica, que han sido envenenados y ahora creen que no tienen derecho al progreso, repliquemos la actitud de Hidalgo, de Morelos de que tenemos derecho a la libertad y no ser esclavos ahora del capitalismo, la actitud de Juárez para convencer de que nuestro país es eso, nuestro, de Madero, que tenemos la libertad de elegir quienes nos gobiernan y cómo nos gobiernan.

En las próximas elecciones... convenzamos a los demás de votar con entera libertad y sobre todo con responsabilidad para el bien de nuestro futuro, el de nuestros hijos y de muchas generaciones que vienen detrás, si no luchamos ahora de forma pacífica, entonces ¿cuándo? A partir de ahí, emprendamos un camino hacía el bienestar.

Nuestras convicciones pueden más que los políticos y empresarios corruptos que nos quieren controlar, simplemente hay que despertar a ese guerrero mexicano para que luche de forma pacífica por sus ideales, por lo que le corresponde por derecho, el mexicano no puede más estar mendigando ni conformándose con migajas, el mexicano, al igual que todo ser humano, tiene derecho a la paz, al bienestar económico, a progresar, y todos estos derechos ya es tiempo de recuperarlos, que va a costar trabajo y tiempo, eso es seguro, pero si de algo estoy convencido, es que llegará el día en podamos decir: los mexicanos somos felices, y luchamos por ello sin perjudicar a nuestro prójimo.

No basta con creer que podemos lograrlo, hay que estar seguros de poder lograr ese despertar mexicano.

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Fragmentos del ensayo "YO ALUMNO; YO MAESTRO" de Luis Aldana (Luis Antonio Fernández Aldana) para el curso "La Actitud: Base Estratégica para mi Cambio y Desarrollo" impartido en la Universidad del Valle de México Campus Puebla.

24 de Marzo del 2015.

***

Cada empresa, sea cualquiera el giro al que se dedique y sin importar el tamaño que tenga, cuenta con una misión, una visión, objetivos a seguir. Esos objetivos no los puede cumplir únicamente el dueño o director, sino que hay un grupo de personas que ayudan a conseguirlos, cada uno de ellos tiene una responsabilidad, hay responsabilidades compartidas, todo debe trabajar de forma armoniosa, generar sinergia.

Cuando en una empresa o institución no existe esa sinergia, cuando cada uno camina con rumbos diferentes, cuando cada quien trabaja bajo su propio interés y no por el interés común, estamos hablando de una debacle laboral inminente, de una falta de liderazgo dentro de la empresa.

Uno de los tratados por excelencia que se puede aplicar de manera análoga a las empresas es el de Nicolás Maquiavelo, El Príncipe. Un pequeño libro que debería leer cualquiera que se llame líder o tiene aspiraciones para serlo, no importa que sea político, empresario o empleado, un libro como este de más de 500 años puede ser de mucha utilidad si se usa con prudencia y se adapta a nuestros tiempos complementándolo con otras estrategias visionarias, como las de Steve Jobs, fundador de Apple.

No concuerdo con la visión de Nicolás Maquiavelo para hacer la guerra o reprimir a los pueblos, solo creo que sus principios se pueden adaptar a los tiempos actuales en el mundo empresarial, laboral y, por supuesto, el político.

Todos tenemos responsabilidades, pero pocos son los que las asumen, en cualquier contexto. El asumir o no esas responsabilidades nace desde la familia, con la educación que recibimos de nuestros padres y se refuerza en las aulas.

En el ámbito laboral es algo similar. Dentro de nuestro trabajo nuestros jefes, líderes y nuestros propios compañeros de trabajo se vuelven nuestros “padres o maestros laborales”, con ellos convivimos casi a diario, a veces los vemos más que a nuestras propias familias, de ellos aprendemos nuevas actitudes, sean positivas o negativas, de ellos adquirimos nuevos conocimientos o reforzamos los que ya tenemos.

Por ello, todo esto se vuelve una responsabilidad compartida, que todos deberíamos asumir. ¿En verdad apoyamos a nuestros compañeros de trabajo para cumplir con el objetivo de la empresa para la cual trabajamos? ¿Estamos conscientes de que, al ayudar a nuestros compañeros nos ayudamos a nosotros mismos? ¿Asumimos nuestras responsabilidades y ayudamos, con el ejemplo, a los demás para que asuman las suyas?

Hace algunos años tuve la fortuna de impartir clases en bachillerato, un nivel muy difícil, donde los adolescentes se creen dueños del mundo, en algún momento entendí que para poder educar, yo debía mostrarme como una persona educada, “predicar con el ejemplo”, prepararme para poder enseñar, aconsejar y hasta para consolar. Entendí que, (parafraseando a Paulo Coelho en su libro Reflexiones diarias) aprendí mucho con los maestros, más con los compañeros y todavía más con los alumnos. Este fue un cambio de actitud en mi persona que le dio un giro de 180° a mi vida, que me hizo comprender que, ayudando a otros puedo ayudarme a mí mismo, a los demás y a la empresa para la cual colaboro.

Como compañeros de trabajo debemos asumir el rol de “maestros”, del “Yo maestro”, estamos en esta vida para enseñar y aprender, en nuestro entorno laboral debemos enseñar con el ejemplo, a contagiar el cambio de actitud que nosotros logremos como personas, apoyar a los demás para que asuman sus responsabilidades.

Las escaleras se barren de arriba hacia abajo, si queremos cambiar de actitud los que estamos “abajo”, se debe empezar por los de “arriba”, es decir, por nuestros líderes. Un gran ejemplo de líder fue Steve Jobs que, aunque fue estigmatizado como arrogante, dejó un legado impresionante no sólo en el escenario tecnológico, sino en el empresarial y laboral. Uno de sus principios, y creo uno de los más importantes, fue el de vivir más experiencias, en su famoso discurso de la Universidad de Stanford, hizo énfasis en la importancia de mirar continuamente alrededor para ampliar el número de nuestras habilidades, asumir el rol del “Yo alumno”, Jobs decía que “cuantas más experiencias tengamos, más y mejor podremos enriquecer nuestro trabajo”. Así, de esta forma, ese gran líder era, al mismo tiempo, un maestro y un alumno.

Por su parte, Nicolás Maquiavelo afirmaba que “un príncipe (un líder, un empresario o empleado, cualquier persona) no debe tener otro objetivo, ni otra preocupación, ni debe considerar como suyo otro estudio que el de la guerra (su misión, visión, objetivo, metas), su organización y su disciplina. Porque éste es un arte necesario exclusivamente para quien manda (mandar en nuestra vida, trazar nuestros caminos)” y que “el que no coloca los cimientos con anticipación podría colocarlos luego si tiene talento, aun con riesgo de disgustar al arquitecto y de hacer peligrar el edificio”. Aquí hay dos puntos importantes que son necesarios en la vida laboral y empresarial, no perder de vista nuestros objetivos y establecer bases sólidas para consolidarlos.

En una empresa, y como personas, debemos tener esos dos puntos focales, el sentar los cimientos para cumplir nuestros objetivos (Maquiavelo), lo que se puede lograr buscando las mayores experiencias para enriquecernos (Jobs, el Yo alumno) para, finalmente, enriquecer a los demás con nuestros conocimientos, habilidades y actitudes positivas (el Yo maestro).

Para finalizar, me gustaría citar el artículo “Alta efectividad laboral con espiritualidad y conciencia” de Andrés Ubierna, quien nos comenta que “el liderazgo tiene que ver con la conciencia de que somos todos generadores de realidades y no simples espectadores ni víctimas de circunstancias… tenemos la capacidad de influir en el mundo, reconociendo y ejerciendo nuestro rol en el equipo de creadores. Pero acceder a nuestra capacidad de liderar requiere visión, práctica, esfuerzo, reflexión y un alto compromiso con la humanidad y sus valores. Responder preguntas como ¿para qué estoy en el mundo?, ¿cuál es el sentido que quiero darle a mi existencia?, ¿qué clase de persona quiero ser?”.

Aprender y compartir, nunca dejamos de ser alumnos y nos convertimos en maestros.

Aprender de nuestras experiencias, busquemos cosas nuevas, analicémonos a nosotros mismos para saber dónde estamos, si estamos bien, si estamos donde queremos, si los objetivos que nos planteamos alguna vez los hemos conseguido y si no, reflexionar para estar conscientes de qué es lo que nos falta, en qué paso vamos, qué actitud debo cambiar, qué decisiones nuevas debo tomar y llevar a la práctica. Aprender de los líderes de hoy y de antes, saber cómo lograron ellos lo que lograron.

Compartir experiencias, conocimientos, dejar a un lado el egocentrismo para servir como ejemplo a los demás, contagiar el entusiasmo y nuestras actitudes positivas. Ser conscientes de que todo lo que hacemos o dejamos de hacer influye en todos los demás, para bien o para mal.

Debemos asumir nuestro rol de alumnos, seguir aprendiendo, buscando nuevas experiencias y una vez adquiridas compartirlas, enseñarlas para que las nuevas generaciones sean influidas de manera positiva y, de la misma forma, contagiar a nuestros compañeros de trabajo, incluyendo a nuestros jefes de lo aprendido y de lo bueno que tenemos como personas.

Tal vez sea muy difícil lograr un cambio de actitud positivo en nuestros compañeros de trabajo, sin embargo, siempre he creído que cuando hay voluntad, cualquier cosa es posible, y seguramente no lo logremos a la primera, por ello debemos ser insistentes, hasta tercos para poder lograr esa meta. Si una persona puede lograr esto, todos los demás también pueden.

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viernes, 27 de marzo de 2015

El diablo está en los detalles: Luis Aldana

Fragmentos del ensayo "El diablo está en los detalles" de Luis Aldana (Luis Antonio Fernández Aldana) para el curso "La Actitud: Base Estratégica para mi Cambio y Desarrollo" impartido en la Universidad del Valle de México Campus Puebla.

18 de Marzo del 2015.

***

Existen infinidad de novelas o películas con un final completamente inesperado, al llegar éste, nos damos cuenta de pequeños detalles, capítulos o escenas que para nuestro ojo no tenían el menor interés y que se convirtieron tan importantes para toda la trama.

Asimismo, hemos visto películas, series de TV, comerciales, obras de arte con mensajes ocultos o subliminales que, al ser descubiertos, nos dan la razón del por qué dicha obra se hizo de esa manera, cuál es la ideología o el objetivo del autor o el impacto que quiere causar.

Lo mismo pasa con nuestras vidas, podemos comparar nuestra propia existencia con una película, donde nosotros somos, al mismo tiempo, los protagonistas, los directores y los productores.

Esa película está llena de detalles, los cuales, de no ser percibidos, pueden cambiar drásticamente nuestra historia.

Son los pequeños detalles los que construyen grandes cosas, y si queremos que nuestra vida sea tan grande como esperamos, debemos fijarnos en ellos. Las grandes maravillas que hace la tecnología en nuestros tiempos está basada en algo tan simple como un 1 y un 0, a partir de estos dos elementos, en apariencia escuetos, tenemos sistemas de comunicación y control o herramientas de trabajo bastante complejos y útiles.

Fátima dos Santos en su artículo “El diablo está en los detalles” publicado para el diario El Mundo (y de donde tomé el título para este mismo trabajo) nos hace referencia a una investigación realizada en la que un auto nuevo es abandonado, después de varios días, dicho auto es ignorado por los transeúntes, después de que los encargados de la investigación le rompen un cristal, las personas comienzan a destrozar el auto sin ningún miramiento porque creen que está abandonado. Esto nos ejemplifica claramente cómo, un simple detalle, por nimio que parezca, cambia drásticamente el rumbo de las cosas.

En este mismo artículo se nos muestra otro ejemplo, el cual transcribo tal como aparece: “…quienes estudian el comportamiento en el trabajo saben que contar con un lugar limpio y agradable favorece el vínculo de los trabajadores con la empresa y los hace más productivos y más felices. No es ciencia de cohetes. Todos lo hemos vivido: uno se siente triste, lento y pesimista al llegar a una oficina de sillas rotas y paredes sucias. El diablo está en los detalles”.

Dentro de las empresas, con tal de ahorrar presupuesto, no se percatan de estos detalles, lo ven como un gasto en vez de verlo como una inversión, un detalle que de no ser ignorado cambiaría el rumbo de las empresas, contribuiría a cambiar la actitud de los empleados, lo que conllevaría a mayores ganancias.

Oly Sawyer, en el blog “Reflexiones para ti y para mí”, nos comenta que, “Si lo vemos despacio, nos daremos cuenta que todo en la vida son detalles. Los grandes acontecimientos nos deslumbran tanto que a veces nos impiden ver esos pequeños milagros que nos rodean cada día. Un ave que canta, una flor que se abre, el beso de un hijo en nuestra mejilla, son ejemplos de pequeños detalles que al sumarse pueden hacer diferente nuestra existencia”.

Nuestras vida debemos construirla tal como se construye una casa, desde los cimientos, ladrillo por ladrillo, pequeñas cosas construyen grandes cosas, si queremos que nuestra vida sea tan grande como la podamos imaginar, los detalles a nuestro alrededor juegan un papel fundamental para que nuestra vida, esa casa, este bien cimentada.

“Quizá la empresa más difícil de acometer sea la de hacernos conscientes. El mundo en que vivimos parece decididamente abocado a distraernos, a impedirle a los individuos un momento de lucidez para mirar su entorno, observar cómo funciona la sociedad”. Esto es lo que nos comenta George Orwell en su libro “Rebelión en la granja”, donde nos ilustra perfectamente cómo los pequeños detalles afectan nuestro entorno, si los animales de la granja se hubieran percatado de ellos desde un inicio no se hubieran generado tantos conflictos, asimismo nos da cuenta de cómo otros influyen en nosotros, crean distractores (como la televisión basura), nos impiden ver más allá del horizonte, nos imponen barreras, no nos dejan ser conscientes de nuestros propios errores para asumirlos y corregirlos, para avanzar, para progresar.

En su libro de reflexiones “El juego de la vida y cómo jugarlo”, Florence Scovel Shinn nos dice que “…un incidente insignificante puede ser el punto decisivo en la vida de un hombre”. Cuántas veces, después de una situación, nos hemos preguntado ¿si me hubiera dado cuenta de esto? ¿si me hubiese percatado de aquello? El rumbo tomado habría sido completamente diferente. Es como cuando conducimos, si no estamos atentos al camino, se puede atravesar otro auto, un niño, un perro que nos puede provocar un accidente, ponernos en riesgo a otros y a nosotros mismos.

Los detalles a nuestro alrededor son tan importantes como respirar, por ello creo puedo hablar de una sociedad que se está asfixiando, precisamente porque no mira a su entorno, tenemos tantos distractores que nos imponen nuestro gobierno, nuestros jefes, nuestra propia familia. Siempre miramos hacia el frente cuando deberíamos ver en 360°. Nos hemos olvidado de lo esencial de nuestra infancia que es valorar las cosas pequeñas y disfrutarlas. Los pequeños detalles valen millones, pero nos fijamos más en lo material que en lo sustancial. Nos aferramos a la idea de que siempre hay que caminar por delante, cuando tenemos otros rumbos a izquierda y derecha que pueden ser más beneficiosos y, ¿por qué no? Mirar hacia atrás para ver cómo hemos llegado hasta dónde estamos y cuestionarnos a nosotros mismos, reflexionar sobre si estamos donde queremos estar y si no es así, decidir si seguir como estamos o cambiamos de rumbo.

Nuestros cerebros son como esponjas, absorben todo lo que les llega, sin importar si es bueno o malo, pero si nos hacemos consientes de qué es cada una de las cosas que absorbemos, podremos establecer un filtro para quedarnos con todo lo bueno, y lo malo desecharlo una vez que hayamos aprendido de ello.

Los detalles no los vemos porque simplemente no los queremos ver, hemos dejado que los demás nos pongan la venda en los ojos, y no hemos tomado la decisión de quitárnosla. ¿Por qué razón? Porque la vida, al menos así lo creen muchos, es más fácil de esta manera, la gente no quiere complicaciones, podremos complicarles la vida a los demás pero no queremos que nos la compliquen, es más fácil estar sentado en casa viendo la novela o el partido de fútbol, que salir a las calles a protestar por las fallas de nuestro gobierno, por ejemplo.

Pareciera que el objetivo de algunos es impedir el progreso de otros, no se dan cuenta de ese detalle que los perjudica así mismos. La sociedad siempre nos va a criticar, siempre dirán que estamos mal, aunque sea obvio que estemos bien, la sociedad señala con un dedo inquisidor que deja a la gente en un estado primitivo en busca de lo fácil, en una ceguera absoluta, donde los detalles pasan a segundo o tercer término, nos impiden disfrutar de cosas tan simples como la puesta de sol, un ave haciendo su nido, detalles que nos pueden dejar gratas experiencias y que nos permitirían ser felices.

El diablo está en los detalles, dice el famoso proverbio, lo importante pasa frente a nuestros ojos y no le prestamos suficiente atención. Me considero una persona observadora, pero también se dice que al mejor cazador se le va la liebre, no creo que alguien esté exento, a todos se nos escapan esos detalles que cuando los vemos, cuando ya les prestamos atención, es demasiado tarde.

...existen investigaciones o escritores que hablan sobre la importancia de los detalles, esos detalles que pueden marcar la diferencia entre lo que queremos y lo que nos imponen, entre lo que queremos ser y lo que somos, entre lo que queremos lograr y lo que hemos logrado. Hay tanta bibliografía al respecto que me hace pensar que la sociedad está de acuerdo en la importancia de los detalles, empero, como lo comenté, por comodidad, se busca lo fácil.

También me hace pensar que la gente en vez de buscar su felicidad, al sentirse infelices buscan que otros estén en su misma condición, una persona infeliz quiere que todos sean infelices, aunque también sucede lo contrario, una persona feliz siempre desea que los demás sean felices. Ese entusiasmo es el que hay que lograr en uno mismo, con la autocrítica y la reflexión y contagiarlo a los otros.

¿Cómo lograr que no se nos escapen esos detalles? Creo que la respuesta es difícil de encontrar, sin embargo, un acercamiento podría estar en simplemente hacer lo que nos gusta, disfrutar verdaderamente nuestro trabajo. Cuando realizamos actividades que nos gustan nos volvemos más observadores, a alguien que le apasiona, por ejemplo, jugar fútbol, siempre estará atento al balón para poder obtenerlo y hacer o contribuir a una anotación.

Disfrutar de la vida se debe volver nuestra pasión, disfrutar de nuestra familia, amigas y amigos, compañeras y compañeros de trabajo, del trabajo mismo y darnos cuenta que en lo poco encontramos mucho, que lo material no es infinito y lo sustancial nos deja experiencias que jamás se borrarán de nuestra mente y que nos servirán para enfrentar nuevas situaciones, nuevos retos.

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viernes, 20 de marzo de 2015

Nadie está listo para cambiar: Luis Aldana

Fragmentos del ensayo "Nadie esta listo para cambiar" de Luis Aldana (Luis Antonio Fernández Aldana) para el curso "La Actitud: Base Estratégica para mi Cambio y Desarrollo" impartido en la Universidad del Valle de México Campus Puebla.

10 de Marzo del 2015.

***

Estamos en tiempos en los que los cambios, en todos los ámbitos, están a la orden del día. Nuestro entorno cambia, y por ende, los humanos debemos cambiar, adaptarnos o “morir”.

Sin embargo, la gente, por su propia naturaleza humana, creo, no está lista para cambiar.

Cuando nos colocan en una situación hipotética, decimos: “yo haría esto”, “yo le diría aquello”, “yo tomaría tal o cual decisión”, pero cuando nos enfrentamos a la realidad, hacemos o decimos cosas, o tomamos actitudes totalmente diferentes. Es como aquellos políticos que en campaña dicen “yo no voy a tranzar”, pero cuando llegan al poder se vuelven los peores criminales, ¿por qué? porque se adaptaron ante un cambio, aunque no necesariamente positivo. ¿Por qué sucede esto? Precisamente, porque nadie está listo para los cambios o las situaciones de la vida.

La tarea fundamental del ser humano es evolucionar, progresar y alcanzar nuestra felicidad.

Aunque muchas personas lo nieguen, el cambio, la evolución, es inherente al género humano. Pongo como ejemplo a las compañías tecnológicas, digamos Microsoft, quien desarrolló el sistema operativo MS-DOS, una simple consola que trabaja con comandos, difícil de entender para la mayoría de la gente. Los usuarios querían colores, una interfaz más amigable, otras compañías como Apple ya empezaban con este tipo de sistemas, por lo tanto, Microsoft se tuvo que enfrentar al cambio, para no extinguirse como empresa.

Esto pasa en todos los ámbitos, vemos progreso, cambios a nuestro alrededor, nosotros mismos debemos obligarnos a ser parte de esos cambios o nos estaremos auto-condenando a la involución como humanos. “…el cambio de una sola persona significa el cambio de toda la raza humana”, nos comenta Coelho en su libro “El Zahir”. En el ejemplo de Microsoft, el cambio de perspectiva dentro de la compañía obligó a otros también a cambiar de pensamiento, cambio que se ve reflejado en mejores tecnologías y alta competitividad en el mercado actual.

Nadie está listo para cambiar porque nadie se da cuenta de los cambios pequeños que circulan en nuestro ambiente. Si pusiéramos más atención a los detalles, veríamos cambios que nos están afectando mayormente de forma negativa. Pero nos ponemos una venda en los ojos y no queremos ver la realidad o queremos seguir viendo lo que queremos ver, lo que nos dijeron que era lo ideal. "La falta de atención a los pequeños detalles puede destruir por completo la vida de un hombre" (Reflexiones diarias, Paulo Coelho). Es como salir a la calle sin paraguas en plena temporada de lluvias. La atención a esos detalles puede marcar nuestro futuro, y nadie presta atención a esos detalles porque nadie quiere enfrentar cambios drásticos.

El miedo está siempre en nuestras mentes y nuestra mente puede volverse el más grande de los enemigos. Sin miedo descubriríamos que nuestras capacidades son infinitas, como lo dice Coelho en su libro “El Zahir”: “…en el momento en que las personas deciden afrontar un problema se dan cuenta que son mucho más capaces de lo que piensan”. Como seres humanos el miedo está permitido, el miedo nace con nosotros y se apega a nosotros, lo que no está permitido es depender de él, pero nosotros mismos le permitimos ser parte de nuestras vidas. Coelho nos dice en “La quinta montaña” que “el miedo existe hasta el momento en que lo inevitable sucede. Después de esto, no debemos perder nuestra energía en él”. El miedo es una barrera que nosotros mismos nos hemos impuesto.

Nadie está listo para cambiar porque todos tenemos miedo, y si cambiamos, no es que hayamos superado el miedo, es simplemente porque la situación nos obligó a hacerlo, porque no tuvimos alternativa, porque la vida nos obligó a tomar al toro por los cuernos y tuvimos que tomar decisiones de un momento a otro, abruptamente. Sin quererlo, hicimos a un lado el miedo, pero eso no significa que el miedo se fue, el miedo siempre estuvo a nuestro lado, porque ese lugar fue el que la naturaleza le dio.

La felicidad creo es algo que podemos hacer más duradero siempre y cuando pongamos atención a los detalles, a los cambios, y al origen de nuestros miedos.

Estos cambios que se dan regularmente en nuestro entorno solo se superan con dos elementos esenciales, el primero, es hacer a un lado el miedo a lo que inevitablemente vendrá y el otro es con capacitación, mientras estemos capacitados en todos los ámbitos posibles creo que podremos afrontar dichos cambios satisfactoriamente.

Desgraciadamente, las empresas, sea cualquiera el giro que manejen, están inmersas en la llamada globalización, esto ha provocado muchos cambios en ellas, en los gobiernos y por supuesto en los empleados. Como había mencionado anteriormente, los cambios producidos a nuestro alrededor nos obligan a cambiar a nosotros mismos. La diferencia entre uno mismo y otras personas ante estos cambios debe ser la capacitación, cuanto más y mejor capacitados estemos no debemos preocuparnos por lo que vendrá, tendremos mucha confianza.

La capacitación también implica motivación, si recibimos una capacitación adecuada por parte de nuestra empresa tendremos un mejor desempeño. La empresa debe proporcionar a sus empleados las herramientas necesarias para realizar su trabajo de manera efectiva, un empleado feliz conlleva al mejoramiento de procesos internos y, por lo tanto, los clientes estarán felices, satisfechos y hasta agradecidos, y la empresa por su parte, este esfuerzo lo verá reflejado en mayores ganancias.

Desgraciadamente, algunas empresas no proporcionan la capacitación requerida, se vuelven elitistas al negar oportunidades de progreso. Hay que aceptar que, además de imponer a nosotros mismos barreras que nos impiden crecer, de la misma forma imponemos barreras para que los demás no crezcan, ya sea por envidias, rencores, compadrazgos y hasta por corrupción. Esas barreras son las más difíciles de superar porque no dependen directamente de nosotros.

Nadie está listo para cambiar, esa es mi hipótesis y al mismo tiempo mi conclusión. ¿Por qué? Porque los humanos, por naturaleza, nacimos con miedo, con miedo a lo que no conocemos, a lo nuevo, a lo abrupto de las situaciones que se nos presentan. Nadie está listo para cambiar porque nadie sabe qué cambios van a ocurrir en qué momento, y aunque podamos gozar de un pronóstico, en ese instante, en ese momento, en ese milisegundo en que la vida nos da el cambio nos paralizamos porque no era exactamente lo que esperábamos, es aquello que bien nos provoca un nudo en la garganta. Con esto no quiero decir que el cambio sea negativo, tal vez pueda ser algo mejor de lo que esperábamos, pero en ese instante las decisiones que teníamos planeadas pueden ser sujetas a modificaciones.

El miedo, que se implanta en nuestras mentes como un parásito, es nuestro peor enemigo, no podemos eliminarlo, en la etapa de cambios, el miedo lo llevamos como una loza muy pesada en la espalda, de nosotros depende cómo llevar esa loza, a veces con la ayuda de alguien más (amigos, familiares, nuestros jefes), a veces con la confianza que nos da una buena capacitación y motivación. Nadie está listo para cambiar porque todos cargamos con esa loza llamada miedo. El miedo no se puede eliminar pero si volverse más ligero.

Las empresas tienen una gran responsabilidad para llevar a sus empleados a un buen cambio de actitud, que les genere mayor cantidad de clientes, mayores ganancias. Un cambio de actitud no se puede llevar a cabo desde abajo, sino de manera conjunta, de lo contrario las empresas se estarán condenando a la extinción. Uno de los cambios de actitud más importante debe estar en nuestros líderes, porque son ellos los que motivan y contagian su entusiasmo a los empleados. A algunas empresas todavía no les queda claro que ya no estamos en la época de Don Porfirio, donde una sola persona decidía en todo el cómo hacer las cosas, deben entender que las exigencias de los clientes han cambiado y por lo tanto el mundo empresarial debe cambiar y llevar de la mano a sus empleados en ese cambio.

Muchos quieren cambiar, al menos eso dicen, pero tienen miedo, otros no desean cambiar porque han quedado estancados en sus vidas, por eso, nadie está listo para cambiar.

"El mal de nuestro tiempo es que todo el mundo quiere arreglar las cosas por sí solo, y nadie se da cuenta de que se necesita mucha gente para lograr eso" (REFLEXIONES DIARIAS, Paulo Coelho).
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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Presentación del libro '10 priístas a los que hay que odiar' de Luis Aldana | Nueva República

Luis Antonio Fernández Aldana (Luis Aldana), director de Nueva República, Diario Político de México, nos presenta en este 2014 su nuevo libro "10 priístas a los que hay que odiar", un libro que desafía al "nuevo" régimen, un análisis y una fuerte crítica sobre la situación que vive actualmente México con el regreso del PRI al poder. A través de la plataforma espanol.free-ebooks.net se puede descargar completamente gratis en formato PDF. Por lo pronto, aquí les dejamos el prólogo y el enlace de descarga.

PRÓLOGO

En repetidas ocasiones he escuchado la frase “cada país tiene el gobierno que se merece” y de tanto oírla y de ver la realidad, la triste realidad que vive hoy nuestro país, comienzo a creer que es verdad.

Pero entonces cabe preguntarnos si esta frase es cierta, ¿México es un país plagado de corrupción? Ya no cuesta reconocerlo, los mexicanos, en su mayoría, cometen actos de corrupción cada vez que se les presenta la oportunidad, en las clases medias y bajas no es tanto por querer hacerlo, por ambición o por perjudicar a alguien más, es por necesidad, es porque a muchos de ellos se les ha negado la posibilidad de vivir honestamente, con dignidad.

México es un país de corruptos y corruptores, según el informe Barómetro Global de la Corrupción 2013 de la organización Transparencia Internacional. Está ubicado en la posición 105 a diciembre del 2012. Y a pesar de que en 2009 México ocupaba el lugar 89, en 2010 pasó al 98 y en 2011 cayó al lugar 100, las cifras revelan que más de la mitad de la población piensa que el cohecho se agravó en los dos recientes años.

Por supuesto, si tenemos un gobierno que tranza descaradamente, el mexicano de a pie, lo hace sin la menor preocupación. Según el estudio antes mencionado, en nuestro país, 91% de los habitantes considera que los partidos políticos son extremadamente corruptos, ninguna institución social o política estuvo cerca de ser calificada con bajos índices de corrupción, los medios de comunicación, la industria y el sistema educativo también son considerados como corruptos, al igual que los militares, el sector salud y las ONGs. En 2010, directivos empresariales y del Foro Económico Mundial (FEM) afirmaron que la corrupción es una práctica que se mantiene por las fallas e ineficiencias de los gobiernos, y su costo en México equivalía entonces a 9% del Producto Interno Bruto (PIB), mientras las empresas erogaban hasta 10% de sus ingresos en sobornos.

El 91% de los mexicanos considera que los partidos políticos están afectados por la corrupción. Según Transparencia Internacional, esto se debe a que dichos órganos requieren dinero para realizar sus campañas, lo que se convierte en una forma de cultivar la corrupción. De acuerdo con el informe, los intereses de las personas y organizaciones de donde los partidos obtienen fondos podrían influenciar en las acciones de estas instituciones.

Es bien conocida la corrupción que impera en los partidos políticos, en todos, ninguno se salva, pero hay uno en específico que podríamos considerar como símbolo de la corrupción política mexicana, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

El PRI, que gobernó el país durante más de 70 años, el PRI creado por Plutarco Elías Calles como fruto de una revolución que no le hizo justicia a los más pobres, el PRI creado para beneficio de pocos y perjuicio de muchos, el PRI de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría que desenmascararon al partido como lo que en realidad es: el partido represor de las causas, el asesino de estudiantes, de luchadores sociales, de sus propios candidatos. El PRI de Carlos Salinas de Gortari, el de los influyentes, el de la ambición por el poder y el dinero. El PRI que gobierna el México actual, recuperándolo después de 12 años de democracia fingida del PAN, el PRI de Peña Nieto que desdeña al pueblo y que lucra con sus necesidades.

Ese es el PRI que nos gobierna, ese es el “nuevo” PRI, y viene de la mano de 10 personajes principales a los que hay que odiar.

El Autor.

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