lunes, 27 de abril de 2015

Yo alumno; Yo maestro

Fragmentos del ensayo "YO ALUMNO; YO MAESTRO" de Luis Aldana (Luis Antonio Fernández Aldana) para el curso "La Actitud: Base Estratégica para mi Cambio y Desarrollo" impartido en la Universidad del Valle de México Campus Puebla.

24 de Marzo del 2015.

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Cada empresa, sea cualquiera el giro al que se dedique y sin importar el tamaño que tenga, cuenta con una misión, una visión, objetivos a seguir. Esos objetivos no los puede cumplir únicamente el dueño o director, sino que hay un grupo de personas que ayudan a conseguirlos, cada uno de ellos tiene una responsabilidad, hay responsabilidades compartidas, todo debe trabajar de forma armoniosa, generar sinergia.

Cuando en una empresa o institución no existe esa sinergia, cuando cada uno camina con rumbos diferentes, cuando cada quien trabaja bajo su propio interés y no por el interés común, estamos hablando de una debacle laboral inminente, de una falta de liderazgo dentro de la empresa.

Uno de los tratados por excelencia que se puede aplicar de manera análoga a las empresas es el de Nicolás Maquiavelo, El Príncipe. Un pequeño libro que debería leer cualquiera que se llame líder o tiene aspiraciones para serlo, no importa que sea político, empresario o empleado, un libro como este de más de 500 años puede ser de mucha utilidad si se usa con prudencia y se adapta a nuestros tiempos complementándolo con otras estrategias visionarias, como las de Steve Jobs, fundador de Apple.

No concuerdo con la visión de Nicolás Maquiavelo para hacer la guerra o reprimir a los pueblos, solo creo que sus principios se pueden adaptar a los tiempos actuales en el mundo empresarial, laboral y, por supuesto, el político.

Todos tenemos responsabilidades, pero pocos son los que las asumen, en cualquier contexto. El asumir o no esas responsabilidades nace desde la familia, con la educación que recibimos de nuestros padres y se refuerza en las aulas.

En el ámbito laboral es algo similar. Dentro de nuestro trabajo nuestros jefes, líderes y nuestros propios compañeros de trabajo se vuelven nuestros “padres o maestros laborales”, con ellos convivimos casi a diario, a veces los vemos más que a nuestras propias familias, de ellos aprendemos nuevas actitudes, sean positivas o negativas, de ellos adquirimos nuevos conocimientos o reforzamos los que ya tenemos.

Por ello, todo esto se vuelve una responsabilidad compartida, que todos deberíamos asumir. ¿En verdad apoyamos a nuestros compañeros de trabajo para cumplir con el objetivo de la empresa para la cual trabajamos? ¿Estamos conscientes de que, al ayudar a nuestros compañeros nos ayudamos a nosotros mismos? ¿Asumimos nuestras responsabilidades y ayudamos, con el ejemplo, a los demás para que asuman las suyas?

Hace algunos años tuve la fortuna de impartir clases en bachillerato, un nivel muy difícil, donde los adolescentes se creen dueños del mundo, en algún momento entendí que para poder educar, yo debía mostrarme como una persona educada, “predicar con el ejemplo”, prepararme para poder enseñar, aconsejar y hasta para consolar. Entendí que, (parafraseando a Paulo Coelho en su libro Reflexiones diarias) aprendí mucho con los maestros, más con los compañeros y todavía más con los alumnos. Este fue un cambio de actitud en mi persona que le dio un giro de 180° a mi vida, que me hizo comprender que, ayudando a otros puedo ayudarme a mí mismo, a los demás y a la empresa para la cual colaboro.

Como compañeros de trabajo debemos asumir el rol de “maestros”, del “Yo maestro”, estamos en esta vida para enseñar y aprender, en nuestro entorno laboral debemos enseñar con el ejemplo, a contagiar el cambio de actitud que nosotros logremos como personas, apoyar a los demás para que asuman sus responsabilidades.

Las escaleras se barren de arriba hacia abajo, si queremos cambiar de actitud los que estamos “abajo”, se debe empezar por los de “arriba”, es decir, por nuestros líderes. Un gran ejemplo de líder fue Steve Jobs que, aunque fue estigmatizado como arrogante, dejó un legado impresionante no sólo en el escenario tecnológico, sino en el empresarial y laboral. Uno de sus principios, y creo uno de los más importantes, fue el de vivir más experiencias, en su famoso discurso de la Universidad de Stanford, hizo énfasis en la importancia de mirar continuamente alrededor para ampliar el número de nuestras habilidades, asumir el rol del “Yo alumno”, Jobs decía que “cuantas más experiencias tengamos, más y mejor podremos enriquecer nuestro trabajo”. Así, de esta forma, ese gran líder era, al mismo tiempo, un maestro y un alumno.

Por su parte, Nicolás Maquiavelo afirmaba que “un príncipe (un líder, un empresario o empleado, cualquier persona) no debe tener otro objetivo, ni otra preocupación, ni debe considerar como suyo otro estudio que el de la guerra (su misión, visión, objetivo, metas), su organización y su disciplina. Porque éste es un arte necesario exclusivamente para quien manda (mandar en nuestra vida, trazar nuestros caminos)” y que “el que no coloca los cimientos con anticipación podría colocarlos luego si tiene talento, aun con riesgo de disgustar al arquitecto y de hacer peligrar el edificio”. Aquí hay dos puntos importantes que son necesarios en la vida laboral y empresarial, no perder de vista nuestros objetivos y establecer bases sólidas para consolidarlos.

En una empresa, y como personas, debemos tener esos dos puntos focales, el sentar los cimientos para cumplir nuestros objetivos (Maquiavelo), lo que se puede lograr buscando las mayores experiencias para enriquecernos (Jobs, el Yo alumno) para, finalmente, enriquecer a los demás con nuestros conocimientos, habilidades y actitudes positivas (el Yo maestro).

Para finalizar, me gustaría citar el artículo “Alta efectividad laboral con espiritualidad y conciencia” de Andrés Ubierna, quien nos comenta que “el liderazgo tiene que ver con la conciencia de que somos todos generadores de realidades y no simples espectadores ni víctimas de circunstancias… tenemos la capacidad de influir en el mundo, reconociendo y ejerciendo nuestro rol en el equipo de creadores. Pero acceder a nuestra capacidad de liderar requiere visión, práctica, esfuerzo, reflexión y un alto compromiso con la humanidad y sus valores. Responder preguntas como ¿para qué estoy en el mundo?, ¿cuál es el sentido que quiero darle a mi existencia?, ¿qué clase de persona quiero ser?”.

Aprender y compartir, nunca dejamos de ser alumnos y nos convertimos en maestros.

Aprender de nuestras experiencias, busquemos cosas nuevas, analicémonos a nosotros mismos para saber dónde estamos, si estamos bien, si estamos donde queremos, si los objetivos que nos planteamos alguna vez los hemos conseguido y si no, reflexionar para estar conscientes de qué es lo que nos falta, en qué paso vamos, qué actitud debo cambiar, qué decisiones nuevas debo tomar y llevar a la práctica. Aprender de los líderes de hoy y de antes, saber cómo lograron ellos lo que lograron.

Compartir experiencias, conocimientos, dejar a un lado el egocentrismo para servir como ejemplo a los demás, contagiar el entusiasmo y nuestras actitudes positivas. Ser conscientes de que todo lo que hacemos o dejamos de hacer influye en todos los demás, para bien o para mal.

Debemos asumir nuestro rol de alumnos, seguir aprendiendo, buscando nuevas experiencias y una vez adquiridas compartirlas, enseñarlas para que las nuevas generaciones sean influidas de manera positiva y, de la misma forma, contagiar a nuestros compañeros de trabajo, incluyendo a nuestros jefes de lo aprendido y de lo bueno que tenemos como personas.

Tal vez sea muy difícil lograr un cambio de actitud positivo en nuestros compañeros de trabajo, sin embargo, siempre he creído que cuando hay voluntad, cualquier cosa es posible, y seguramente no lo logremos a la primera, por ello debemos ser insistentes, hasta tercos para poder lograr esa meta. Si una persona puede lograr esto, todos los demás también pueden.

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